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La España visigoda
Por Javier Albert Gutiérrez, profesor de Historia.
En la
segunda mitad del siglo II d. C. los godos
(originarios de lo que hoy es Prusia oriental, Lituania y Letonia) partieron
de la costa sureste del mar Báltico, descendieron hasta el mar Negro y al
alcanzar el bajo Danubio, atravesaron la región Balcánica para penetrar en la Península Itálica.
En el año 290 d. C. se dividen
visigodos y ostrogodos. En el año 332
el emperador Constantino
firma el Tratado de Federación por el que el Imperio Romano se convierte en
tributario de la Nación Visigoda.
En el año 376 atraviesan el Danubio y conquistan parte el Imperio. En el año
378 aniquilan las legiones romanas en la batalla de Adrianópolis y dan muerte
al emperador Valente. En el 382 conquistan Tracia. En el año 410 tomaron
Roma, pero la abandonaron y, tras la muerte de su rey Alarico, conquistan
Francia y la
Península Ibérica. . Su base territorial siempre estuvo en
Escitia, entendido este término en sentido amplio como un territorio situado
entre el mar Báltico y el mar Negro. De allí sacaban su potencial humano.
Casi un
siglo después, en el año 507, perdieron la Aquitania francesa en
la batalla de Vouillé contra los francos (que, por cierto, no eran germanos),
y sus centros de poder se trasladaron a España, después de haber fundado el
primer Estado independiente dentro de territorio Romano en el año 475, en que
su rey Eurico así lo declara. Los españoles somos sus descendientes.
Los
visigodos, nación de origen báltico,
fundaron el Estado español, el Reino de España (nn: ñ). El Reino de España de
los godos era una unidad política, administrativa, jurídica, cultural,
religiosa y lingüística y que comprendía la totalidad de la Península Ibérica
y la Narbonenese
gala. Su sistema político era la monarquía hereditaria (la Iglesia romana intentó
hacerla electiva) en la estirpe de los Baltos (y
Amalos).
Se ha especulado
mucho sobre cuántos eran, pero el primero que los estudio de forma científica
fue el célebre investigador ruso Mijail Ivanovich Rostovvcev, 1870-1952,
quien desmintió el mito pangermanista sobre las invasiones “bárbaras”. Los
últimos cálculos, basados en que la movilización de un ejército supone el 5%
de la población total de una nación, en el área que ocupaban en aquel momento
los visigodos, y si tomamos en cuenta la cantidad de habitantes por km2
usual en aquella época, sitúa su número total en unos dieciséis millones de
personas El ejército que entró en España era de 200 banderas, integradas por
mil soldados cada una, es decir, 200.000 guerreros, que si lo multiplicamos
por cuatro familiares salen 1.200.000 personas. Si hubiesen sido menos no
hubieran podido vencer al Imperio Romano, a los
bizantinos, a los hunos, a los vándalos y dominar toda Europa con Teodorico.
Las familias godas empezaron a colonizar España después de la derrota de
Vouillé en 507, antes eran más bien ejército de ocupación.
Durante
cuatro siglos fluyeron godos hacia España. Las cifras de obispos godos e
hispanos se van igualando a partir del VII concilio de Toledo, y teniendo en
cuenta que los obispos eran elegidos por todos los fieles católicos, es
seguro que en las ciudades la población goda e hispana fuese pareja. Seguro
que las cifras finales de godos en la Península superaban el 35% de la población
total.
Todos los reyes medievales, incluido
Alfonso X el Sabio, que así lo relata en su Crónica General, se consideraban sucesores de los reyes godos, de
su misma estirpe, lo mismo que la nobleza, y con derecho legítimo a
reconquistar el territorio perdido frente al Imperio musulmán. La dinastía de
los Austrias españoles basó su legitimidad en la descendencia directa de los
reyes visigodos. Desde entonces se han sucedido sin discontinuidad alguna
todos los reyes españoles hasta Don Juan Carlos I, que conserva dicha
sangre. El cambio de dinastías, Pelágico-alfonsina, Trastámara, Austrias y
Borbones es un cambio en los apellidos, puesto que el nombre lo transmite el
varón, pero la sangre, la mujer. Este hilo de legitimidad nunca se perdió en
España, como los hechos demuestran evidentemente.
Los visigodos fueron el pueblo que
primero identifico, dentro del Imperio Romano de Occidente, unos límites
precisos como patria y Estado. La lengua goda fue determinante en la
formación de la lengua Castellana, que es el latín hablado por los godos. Los
españoles somos godos, somos sus descendientes, si no fuera así todos
tendríamos la tez morena y el pelo negro y rizado, como nos describe el
historiador Jordanes en el siglo VI d. C, en su Gética, Cap. II, 14.
1. Las invasiones “bárbaras” del siglo III al V.
Los godos eran un antigua nación Báltico, originaria de
la desembocadura del río Vístula, en
el golfo Godano, hoy llamado de Danzig, entre las ciudades actuales de Gdansk
y Kaliningrado, en una pequeña península (llamada isla Scançia o Scandza por
Alfonso X el Sabio y Jordanes porque el Vístula la convierte en isla) que
corre paralela a la costa en forma de arco. De lo que hoy es la Prusia oriental se
extendieron por la actual Gothiscandza, en Polonia, hacia Lituania y Letonia
y hacia el 1600 a.C
ocupaban desde los lagos Ladoga y Onega al norte hasta los montes Cárpatos al
sur, y desde los montes Urales al Este hasta el río Oder al oeste. Lo
que hoy en un mapa contemporáneo sería Prusia, el sur de Finlandia, Estonia,
Letonia, Lituania, Polonia, Bielorrusia, norte de Rusia europea, norte de
Ucrania y una franja de la
Alemania del Este. Esta fue su base territorial, llamada en
sentido amplio Escitia desde los más remotos tiempos.
Los últimos hallazgos arqueológicos localizan en esta
zona a los godos-gutones (el apellido Guti-erre-z, que significa hijo de
godo, lo llevan más del 8% de los españoles) como cultura de Wielbark. El
Estado godo se remonta hasta el año 1470 a. C. según S. Daukantas, el
primero de los Amalos fue Augis y reinó en Lituania después de la
muerte de Gapto, hijo de Vueric, hacia el año 1470 a. C. La estirpe
de los Baltos y Amalos era la de los reyes godos. De aquí emigraron siguiendo el río Vístula. Llegaron a
constituir un Estado que controlaba desde el mar Báltico al mar Negro, donde
llegaban navegando por el río Dnieper. Los godos fueron
un Estado bimilenario que se enfrentó con éxito a los Imperios Egipcio,
Persa, Griego, Parto, Macedónico y los sobrevivió, poniendo fin al Imperio
Romano de Occidente.
Las primeras publicaciones sobre la extensión de la
cultura goda o báltica se iniciaron en el año 1963 con el libro The Balts de
la profesora de arqueología europea de la Universidad de
California en Los Ángeles, Marija Gimbutas. El conjunto de sus estudios
fueron ampliados posteriormente y esta aceptado universalmente aceptado en
los medios académicos, aunque aún no ha trascendido al público en general.
Desde el siglo III hasta el VI d.C. esta nación goda
constituyó una importante potencia, coincidiendo con el periodo de crisis y
desintegración del Imperio romano. El godo fue el primero de los pueblos
“bárbaros” en convertirse al cristianismo. El rey Fritigerno derrotó al emperador Valente en
Adrianópolis, aniquilando las legiones romanas. Alarico firmó un tratado de
federación con el emperador hispano Teodosio, que le nombro general
del Imperio. Su hijo Honorio se negó a pagar las 4000 libras de oro que
había pactado entregar como tributo a los visigodos su general Estilicón, por
lo que el rey Alarico entró a saco Roma el 24 de agosto de 410
para cobrárselas. Este es prácticamente el fin de Roma como poder central del
Imperio. En 451 el rey visigodo Teuderedo, que murió en la batalla,
derrotó a Atila en los Campos Cataláunicos, y si los visigodos, y romanos no terminaron con los hunos definitivamente fue por
interés particular del general romano Aecio.
Procopio en el siglo VI describe a los pueblos godos: “Todos tienen cuerpos blancos, pelo rubio, son altos y
atractivos al ojo, usan las mismas leyes, profesan el arrianismo y hablan la
lengua goda”.
El Strategikon
de la misma época hace una descripción similar de los suevos.
La lucha
entre godos y romanos es una lucha entre dos Estados que terminaron ganando
los godos, nación de una antigüedad trimilenaria cuando llegó a Spanna (nn:
ñ). Las primeras invasiones que sufrió el Imperio romano tuvieron lugar entre
los años 258 y 260 d. C. Esto fue posible porque las guerras civiles habían
provocado el desguarnecimiento de las fronteras. Los “bárbaros” llegaron
hasta las costas del Mediterráneo y Gibraltar, y, requisando barcos, pasaron
al N de África.
El siglo IV
fue de tranquilidad. En el campo aparecieron nuevas villas, que se dedicaban
a la explotación agrícola, y sus yacimientos nos muestran el gran lujo con
que vivían sus propietarios (algunas tenían agua corriente con cañerías de
plomo). En el año 406 la crisis política rebrota con gran fuerza en el Imperio,
la invasión goda (bálticos) de Italia obligó a retirar las legiones del Rin y
en la Nochevieja
de ese mismo año, aprovechando que las aguas del río estaban heladas, los
pueblos germanos de los suevos, vándalos, burgundios, alanos y (sármatas
asiáticos) traspasan las fronteras e invaden el Imperio.
En el año 409 la Galia
estaba esquilmada, debido a las guerras civiles, mientras que la cosecha en
España se presentaba ubérrima. Los jefes hispanos que defendían los pasos de
los Pirineos fueron eliminados (Dídimo y Veriniano ajusticiados en Arles,
mientras que Teodosiolo y Lagodio pudieron huir). Los comites (condes) del
usurpador Máximo, que los sustituyeron, abandonaron los pasos para acudir en
ayuda de Italia. Los vándalos por necesidades de subsistencia pasaron a la
Península.
Los vándalos silingos guiados por su rey Fredibaldo marcharon a la Bética, donde fueron
derrotados por Valia.
Los vándalos asdingos se situaron en un principio en el N de Gallaecia, en el 419
pasaron a la Bética
(V- Andalucía = tierra de vándalos) hasta que en el año 429 el Imperio mandó
contra ellos a los visigodos, que expulsaron a unos 80.000 hacia África,
donde conquistaron Cartago en el 439 y fundaron un reino que duraría un
siglo, hasta que fueron eliminados por el Imperio bizantino (Belisario,
general de Justiniano).
Los alanos (sármatas
asiáticos), que se habían asentado en la Lusitania y parte de la Cartaginense
comandados por su rey Adax, fueron derrotados y desarmados y se diluyeron en
el Imperio como pueblo.
Los suevos fundaron un reino en Gallaecia que perduró hasta el año 585, en
que el rey Andeca fue vencido y desarmado en Braga y Oporto por Leovigildo.
2. El Reino Hispanogodo: El nacimiento de España
Los godos
que invadieron España procedían de Prusia oriental. Los visigodos eran una
nación fronteriza con las provincias periféricas del Imperio, del que recibía
tributo, hasta que Valia, residente en la Bética, firmó con el
emperador Honorio en el año 416 un tratado de federación por el que se
comprometía como aliado del Imperio a liberar Hispania (ni: ñ) de los pueblos
“germánicos”. A cambio Roma no tuvo más remedio que concederles un reino en la Narbonense (462), con
capital en Toulouse. Es el primer
reino independiente creado dentro del Imperio Romano.
Con el rey Teodorico,
en el 453, casi toda la
Península, pasó a formar parte de este reino. El 23 de
agosto del 476 el caudillo Odoacro depone al emperador Rómulo Augústulo (el Imperio sobrevivió hasta el año 1806 como
SIRG), se proclama rey de Italia y el Senado manda las insignias imperiales
al emperador Zenón de Constantinopla con una delegación que le comunicaba que
ya no había necesidad de emperador en Occidente. Los visigodos gobernaban un
reino que se extendía por un tercio de las Galias e Hispania (ni: ñ).
Los francos y burgundios derrotan a
Eurico en la batalla de Vouillé en el año 507, por lo que la capital se
traslada a Narbona. Con Eurico, hermano de Teodorico, el Reino Visigodo incluía toda España,
excepto Galicia, y las Galias hasta los ríos Ródano y Garona, alcanzando su
máxima extensión.
Ataúlfo, casado con Gala Placidia, hija del emperador hispano Teodosio
y hermana de Honorio, estableció la capital en Barcino (Barcelona), donde fue
asesinado por Dubio en 414. Nuevas luchas obligan a Amalarico (estirpe
balto-amala)a trasladar definitivamente la capital del reino a Barcelona
en el 526, y después a Sevilla: el Reino visigodo
de España incluía la
Narbonense. En el 531 se traslada la capital a Mérida. En el 554 la lucha contra suevos y béticos
obliga Atanagildo a desplazar el centro de gravedad del reino a Toledo que sería la
definitiva.
3. La evolución política de la Monarquía
Los visigodos fueron enviados a Hispania (ni= ñ)
por el Imperio para restablecer el orden, por lo que
en todo momento respetaron la propiedad, la organización administrativa y el
Derecho romano. Confiscaron un tercio de las propiedades a los grandes
latifundistas. Formaron una superestructura política y militar que había sido
legitimada por Roma. Aportaron elementos propios”, como la Monarquía
hereditaria y el Derecho consuetudinario que, en principio, coexistieron
con las instituciones romanas y luego se integraron en ellas. La Iglesia Católica,
en el III Concilio de Toledo, impuso la elección del rey, como en el Imperio
Romano. Los francos les ganaron la hegemonía europea al convertirse
primero su rey Clodoveo, en el año 496, al catolicismo y apoyar su
política en el Imperio, la
Iglesia romana y los indígenas romanizados católicos.
La Monarquía
visigoda llevó a cabo un proceso unificador en todos los aspectos: unidad
territorial, unidad del poder político y jurídico, unas creencias comunes y
fusión de godos e hispanos:
Leovigildo (573-586) derogó la ley que prohibía el matrimonio entre
visigodos e hispanos y emprendió la tarea de unificación del territorio,
venciendo a los suevos en el 585 y anexionándose su territorio. Realizó
expediciones contra los vascones y fundó Victoriaco (Vitoria) para impedir
los levantamientos. Instauró en el año 577 el Imperium Hispánico nombrando
Sede Regia a Toledo, adoptando el título de Princeps, símbolos reales, como el trono, el cetro, el manto
real y la diadema, y todo el ceremonial bizantino de los emperadores.
Intentó la
unidad religiosa, imponiendo el arrianismo como religión dominante, pero los
hispanos de la Bética
con la ayuda de los Bizantinos y de los suevos eligieron a su hijo Hermenegildo
duque de la Bética
como líder y se rebelaron. Perdieron la guerra, y Hermenegildo fue condenado
a muerte por alta traición (primer mártir de la Iglesia Española),
pero se demostró que sin la colaboración de los hispanos católicos era
imposible gobernar España.
Su segundo
hijo y sucesor Recaredo (586-601) así lo entendió y en el Tercer Concilio
de Toledo, el 8 de mayo del 589, él y todo su pueblo abandonaron el
arrianismo y aceptaron el catolicismo como religión oficial. La Iglesia Católica
consiguió mucho, entre otras cosas, dar su visto bueno al heredero. Recaredo
que, con la intransigencia del converso, destruyó todos los libros en lengua
visigoda.
Suintila (621-631) expulsó a los bizantinos de sus últimos dominios, con
lo que consiguió la unidad territorial.
Recesvinto (653-672) estableció un mismo código para ambos pueblos, el Liber
Iudiciorum o Fuero Juzgo, con lo que se restableció la unidad
jurídica en la Península,
y abolió el Derecho Romano. Este código estará vigente entre los cristianos
durante toda la Edad
Media. A su muerte el Reino de España era un Estado independiente y unificado.
4. Instituciones y sociedad
El Reino
Hispanogodo fue continuador de las instituciones jerárquicas y
administrativas del Bajo Imperio Romano. La ruptura institucional se produjo
con la invasión árabe, a la que también consideran algunos historiadores como
punto de partida de la
Edad Media.
La población
goda en España fue muy importante. Más del 30% de los obispos españoles eran
godos, y si tenemos en cuenta de que los obispos eran elegidos por todos los
fieles y que muchos se ponían nombres romanos, esto nos lleva a cifras sobre
la población total que, al menos, rondarían esa cifra.
El Rey: El cargo lo
heredaba el hijo mayor. Era la autoridad suprema. La Iglesia Católica
luchó contra esta tendencia e intentó, sin éxito, que el rey fuera elegido en
los Concilios (dentro de la estirpe real de los baltos) al estilo del Imperio
Romano.
El Aula Regia o
Palatina (antigua Asamblea, Concilio, Senado o Thing)
era un consejo de carácter consultivo integrado por la más alta nobleza, los
Grandes (Maiores) y los seniores , optimates, primi y primates. Terminó
sustituyendo a la Asamblea
de guerreros. Con el tiempo se llamaría Curia y más tarde Las Cortes. El Monarca
era elegido ella, dentro de la estirpe real única de los Baltos, o de los
Amalos en el caso de los ostrogodos.
El Officium
era una especie de gobierno compuesto de varios órganos de gestión, dirigidos
por un comite (conde).
Los Concilios de
Toledo, donde estaban representados los hispanos, también se
ocuparon de cuestiones políticas. Ungían al rey, dándole carácter sagrado. La Iglesia intentaba
introducir su derecho a la elección del rey, lo que sembró nuevos motivos de
discordia en la sucesión hereditaria monárquica, propia de los germanos. Si
contabilizamos desde el VIII Concilio de Toledo en adelante, la mitad de los
obispos, más o menos, era godos y el resto hispanorromanos.
La Guardia del rey
estaba compuesto por los fidelis regis y gardingos, que le habían jurado fidelidad,
vivían en su casa y recibían protección y sustento. A veces eran
recompensados con la concesión de tierras reales o beneficia convirtiéndose en
comites o condes.
Los nobles
Los duques
(dux, ducis) eran gobernadores de las provincias (ducados). Pertenecían a la
estirpe real. Mandaban un ejercito
formado por Thiufas, unidad de mil hombres mandada por un thiufado. El
quingentenario mandaba un batallón de 500 hombres. El centenario mandaba cien
hombres. El decano, diez, formadas en los útimos tiempos también por saiones
y buccellarii.
Los condes
(comes, comitatis) gobernaban un condado, una ciudad y su “territoria”,
unidad territorial subordinada a la provincia. Es el antiguo “municipio
romano” es decir una comarca con una ciudad importante. Tenían funciones
militares.
Otros
funcionarios menores, que controlaban la recaudación de impuestos, eran los
numerarios, exactores, tabularios, talonarios y susceptores.
Las estirpes
senatoriales del Imperio romano
siguieron estando en la cúspide social. Algún senador desempeñó el cargo de
duque, como Claudio, duque de Galicia. A través de la Iglesia desde el III C.
de Toledo tuvieron gran influencia política.
Los visigodos pretendieron instaurar un Estado
centralizado, a cuya cabeza estaba la institución monárquica con tendencia
hereditaria. El rey era el jefe supremo de la comunidad y tenía amplios
poderes judiciales, legislativos, militares y administrativos. Para reforzar
su prestigio, los reyes visigodos adoptaron los atributos y el ceremonial de
los emperadores. El rito de la 'unción regia', que recibían de los
obispos, les confería carácter sagrado. En el IV Concilio de Toledo (633) se
aprobó, de acuerdo con la tradición romano-católica, que el Rey tenía que ser
elegido con la aprobación de los obispos en Toledo o en el lugar de muerte
del monarca. Tanto los duques (de sangre real) como los condes
pertenecían a los escalones más altos de la nobleza y se erigieron en los
grandes funcionarios de la administración territorial. Las grandes asambleas
políticas del reino fueron el Aula Regia y los Concilios.
Población Libre no privilegiada
Vivía principalmente en las ciudades.
Entre ellos había artesanos de todo tipo: orfebres, herreros, arquitectos,
ingenieros, escultores, toreutas, canteros, carpinteros, tintoreros,
curtidores, médicos, maestros, etc. Algunos oficios eran muy considerados y
pagados.
En las
ciudades importantes siguieron las comunidades de judíos del Bajo
Imperio que se dedicaban al comercio, y que desde Caracalla en 212 eran
considerados ciudadanos romanos. Tenían un estatus medio-alto y algunos eran
muy ricos, como los transmarinii negotiatores. A partir de Recaredo
empezaron a ser perseguidos y acosados con más o menos intensidad según
épocas.
En ciertas ciudades vivían también
algunos griegos y sirios dedicados al comercio transmediterráneo. Principalmente
en la provincia llamada Spania (ni: ñ) por el Imperio bizantino desde
mediados del s. VI hasta que fueron expulsados en 625 por el rey Suintila,
aprovechándose del acoso mahometano al Imperio por el Este.
Los possesores
eran los campesinos propietarios, que también se les denomina ingenui,
privati y viliores personae, que servían como peones en el ejército.
Loso rusticani eran los más pobres.
Población no libre
Coloni: Campesinos que trabajaban las propiedades reales de la iglesia
y privadas. Estaban adscritos a la tierra y pagaban un diezmo de los
productos cultivados.
Siervos o
Esclavos: Constituían la gran masa de población. Vivían mejor los idonei,
que eran los del servicio, los siervos reales y de la Iglesia. En el
escalón más bajo estaban los viliores y servuli, que eran esclavos
rústicos que trabajaban los latifundios. En la esclavitud se podía caer por
deudas.
Economía:
La agricultura y ganadería era la
principal fuente de subsistencia.
La agricultura
se basaba en el cultivo de trigo, cebada y avena, que en las mesetas
alcanzaron gran productividad.. En la Bética y Tarraconense destacaban los cultivos de vid y el olivo
que se siguieron comercializando en forma de vino y aceites de diversa clase.
Se cultivaban hortalizas leguminosas y árboles frutales, como el
melocotonero, manzano, higueras, fresas. Las huertas de regadío de la Cartaginense ya
eran famosas por sus hortalizas y frutales. La miel era un producto
importante.
Los
visigodos eras sobre todo pueblos ganaderos. Criaban caballos, terneras,
vacas, novillos, ovejas, corderos, puercas, cerdos, carneros y aves de
corral. La producción de lana y pieles para la manufactura de hilados tejidos
en las ciudades era muy importante.
Objeto del comercio
internacional era la ganadería equina para el ocio, la caza y la guerra. Eran
famosos los caballos de montura de la Bética y Lusitania, muy
apreciados en Bizancio. Este comercio sufrió una crisis a partir de la
segunda mitad del siglo VII con la irrupción del imperialismo islamita en el
Mediterráneo.
En el
comercio internacional se importaban papiros, vidrios, púrpura, especies,
joyas, sedas, lino, algodón, y tejidos lujosas de Bizancio. Mientras que se
exportaba salazones, caballos, vino, aceite, plata, oro y cobre. La ciudades
implicadas documentalmente en este comercio eran principalmente,
Narbo, Barcino, Cesaraugusta, Toletum, Tarraco, Carteia, Ilice, Dertosa,
Malaca, Emérita, Astigi, Hispalis, Corduba, Olisipo y Turgalium.
5. Las guerras civiles en la España visigoda.
Los godos trajeron
consigo los gérmenes de su fracaso: la guerra civil -provocada por la lucha
entre clanes y la gran fuerza militar de los Duques-. Fuerzas extranjeras
intervinieron continuamente en éstas, sacando siempre algún provecho.
Los bizantinos prestan ayuda a Atanagildo (551-567) contra su rival Agila,
pero se quedaron con el litoral mediterráneo y atlántico desde Alicante y
Baleares hasta el Algarve. Sesenta años después los desalojo Suintila
(621-631).
Los
francos con su rey Dagoberto ayudaron a
Sisenando contra Suintila, llegando a ocupar Zaragoza. Otra vez intervinieron
los francos en favor de Paulo, duque de la Septimania, contra
Wamba
(672-680). La guerra civil fue constante a partir de estos momentos. Y cuando
a partir del siglo VIII una facción, los de Áquila -descendiente de Paulo y
de Vitiza- se opuso al legítimo rey Rodrigo (710-711) -descendiente de Vamba-
aquellos solicitaron la colaboración de los musulmanes que acababan de
conquistar el Norte de África, y éstos pasaron el estrecho y vencieron a Don Rodrigo en la batalla de Guadalete
(19-26 de Julio 711), en la que los vitizanos,
que formaban en las alas de la formación, se pasaron al enemigo.
Hispania fue conquistada por la traición de Áquila y los vitizanos,
a cambio de conservar sus propiedades y privilegios, capitularon el 11 de
noviembre en Toledo ante Tariq, jefe guerrero de Musa ibn Nusayr, gobernador
omeya de Cartago, y proclamó la soberanía del califa Al Walid de Damasco,
“puesto que el traidor no es menester siendo la traición pasada”. Esto no
lo aceptaron los rodriguistas, originándose otra guerra civil que durará toda la Edad Media.
Los árabes
pasaron el Estrecho fácilmente gracias a la ayuda de los judíos y del conde
don Julián, gobernador de Ceuta. Con este hecho se inicia la Edad Media.
6. La cultura
El Reino de
España siguió siendo, como durante el Bajo Imperio, un foco cultural de
primer orden en Europa.
Hidacio y
Orosio fueron los más sabios de su época.
Se fundaron
nuevos monasterios que prosiguieron la labor evangelizadora.
Las sedes
episcopales organizaron escuelas y se convirtieron en focos de cultura.
San Isidoro, obispo de Sevilla, fue reconocido como el más sabio de su
tiempo. Escribió innumerables obras. "Las Etimologías" resume las ciencias
y los conocimientos de la cultura clásica, fue traducida por Alfonso X el
Sabio. También escribió: ”Historia visigothorum, sueborum, vandalorum”,
“Chrónica, y “De Virus illustribus”. En sus obras se recogen el "trivium" y el "cuadrivium", división de los
estudios de la Antigüedad
clásica y que pasó a la enseñanza durante la Edad Media.
Cabe
destacar, por la importancia de las obras conservadas, entre otros: San
Leandro de Sevilla. Martín de Braga. Braulio de Zaragoza. Julián y Eugenio de
Toledo. Fructuosos de Braga, Valerio del Bierzo.
La
influencia cultural gótica en la formación de
España como nación y Estado fue enorme. Los vestidos visigodos, como el
pantalón, la camisa y los zapatos, sustituyeron los vestidos talares
romanos e ibéricos y las sandalias. Los balcones
y voladizos en las casas los introdujeron
los godos. Las reglas armónicas de la música
son godas. Nuestro concepto del honor es
godo, así como gran parte de nuestra ética.
La lengua española está impregnada en su vocabulario, fonética y
léxico de palabras góticas. Son palabras góticas: zapato, gorro, galones,
templado, daga, machete, garbo, estribo, trampa, trepar, rango, banda,
bandera, ganado, heno, Galindo,
Gutiérrez (hijo de godo), Godoy, Jiménez, Rico etc. Los españoles somos
godos, tanto es así que todavía hoy día a los peninsulares se les llama en
las islas Canarias godos.
La filóloga Jurate Rosales ha demostrado
que la lengua Castellana o Español en la forma de hablar el Latín
vulgar los godos (bálticos). Se comprueba en las diptongaciones de la o, a, e largas, en la pérdida de la f inicial, en la palatización de las
silabas latinas ki y ti, en el
cambio de la k latina por la g española, en la terminación ez de los patronímicos, en la ausencia
de t en la terminación de la
tercera persona del plural, cambios que son similares a los de las lenguas
bálticas.
Esta memoria histórica se conserva
muy viva en la Edad Media,
tanto es así, que en el año 1073, el prusiano Adán de Bremen, escribía que
llegaban a la isla de Curlandia, peregrinos godos de Espanna (nn: ñ) y Grecia
a consultar los oráculos.
7. El Arte
La arquitectura visigoda es fundamentalmente religiosa y sus iglesias se
levantan en la etapa que va desde la abjuración de Recaredo en el 589, hasta
la invasión de los árabes en el 711.
Son
edificios de tamaño pequeño, de planta basilical o de cruz griega, con muros de piedra
tallada y escasas ventanas. En ellos se utilizan como elementos constructivos
el arco de herradura y la bóveda de cañón.
La decoración está basada en motivos geométricos, flores estilizadas y, en algunos casos,
figuraciones sobre temas bíblicos.
Los
monumentos más representativos son la iglesia de San Juan de Baños en Palencia, mandada construir por Recesvinto
en el 661, San Pedro de la Nave, Zamora, Santa Comba de Bande, en Orense y Quintanilla de las Viñas, en Burgos. A
este estilo artístico los historiadores le pusieron después el nombre de mozárabe,
mudéjar o hispanomusulmán. La mezquita de Córdoba está construida en
estilo visigodo con materiales de la iglesia de San Salvador y de antiguos
monumentos hispanos.
El arte
llamado mozárabe es el arte que los godos realizaron en tierras dominadas por
los musulmanes.
Los
visigodos destacaron en el arte de la orfebrería de la que son una muestra valiosa
el Tesoro de
Guarrazar (Toledo) y la cruz votiva del Tesoro de Torredonjimeno (Jaén)
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